viernes, 16 de octubre de 2026

Te extraño

    No sé por dónde empezar exactamente. ¿Qué te puedo decir luego de tantos años? Ni siquiera estoy del todo seguro de por qué estoy escribiendo acá exactamente, cuando podría hablarte directamente. Pero bueno, acá me encuentro, frente a una entrada en blanco que tenía tanto tiempo sin visitar que pensé que no recordaría mi clave de acceso.

    Pero la recordé. Es curioso cómo funciona la memoria, ¿no lo crees? A veces me paso días repitiendo la misma información tratando de que me quede en la cabeza, y aun así desaparece en un parpadeo. Pero, en otro extremo, algunas veces hay un dato que, aunque no vuelva a él durante mucho tiempo, siempre está ahí, a tan solo un pensamiento de distancia.

    ¿Cuánto tiempo ha pasado? 10 años, probablemente. Y aun así recuerdo tu número de teléfono. En una época donde no tiene función memorizar contactos porque el teléfono se encarga de eso, una década después yo sigo teniendo 11 dígitos en la cabeza que en un momento me permitieron llamarte y hablar contigo de todo y de nada.

    Extraño eso. La facilidad que tenías para seguir cualquier conversación y tener un dato al respecto. No solo se trata de que fueses interesante, es que no creo saber el nivel de cultura que manejabas. Y aun así nunca me hiciste sentir pequeño. Horas, días, meses hablando de tantas cosas que no era capaz de entender y por las que solo podía sentir fascinación. Si tuviera que describirte, diría que eras una hoguera en torno a la que sentarse daba paz, nunca quemaba.

    5 minutos. Daría tantas cosas por tenerte 5 minutos. No tendrían que ser excepcionales o en ninguna circunstancia especial. Lo excepcional y especial siempre fuiste tú. 5 minutos. De escucharte, de que me des un consejo, de uno de tus chistes malos (varios de los cuales aún no logro entender años después), pero que a ti te hacían reír con tanta vida. Extraño que te rías.

    Extraño que me aconsejes, que insistas las veces necesarias para que entienda lo que me quieres enseñar. Supongo que siempre he sido terco y difícil para ceder mi punto. Aún estoy trabajando en eso. Sé lo complicado que puede ser lograr que escuche cuando me obstino. Pero, como no podía ser de otra forma, no solo tenías sabiduría sino paciencia. ¿Cuántas veces me repetiste las mismas cosas? Quisiera haber podido escucharte más tiempo, con más atención, más maduro.

    Negociemos, pueden ser 3 minutos. Dudo que nuestra última conversación haya durado más que eso. También la recuerdo. Cada palabra. Pero si solo nos dieran 1 minuto, quisiera poder cerrarla con un abrazo. Solo eso. Sí, es verdad que, de lograr alargarlo, quisiera sentarme nuevamente frente a un tablero de ajedrez contigo del otro lado. Aunque te confieso que sigo siendo bastante malo, casi no juego desde que no estás. Pero con el abrazo estaría bien.

    La verdad es que más que extrañar partes de ti, te extraño. Tu presencia completa, ese calor que emanabas, sentir que podías traducirme el universo sin importar lo confuso que fuese para mí. No sé cómo me está saliendo, pero trato de parecerme en lo posible a ti, ¿sabes? Así que, desde donde estés, siempre agradezco una señal de qué camino parece una mejor opción. Pero incluso sin señales, hoy solo quería decirte que te extraño. Te extraño porque no tengo cómo agradecerte por tanto. Te amo, abuelo.