domingo, 5 de febrero de 2017

Ni el mejor

     Ni el mejor escritor podría hoy ayudarme a plasmar con palabras todo lo que quiero decirte. Aunque dedicáramos todas las frases que han sido creadas, aunque utilizáramos el tiempo que nos queda de vida, aunque no volviésemos a dormir: sencillamente estás mas allá de algo tan simple como las palabras.

     Ni el mejor músico podría componer la melodía adecuada para cantar toda tu perfección. Podría probar con cada instrumento, con cada nota de la escala musical, con cada posible combinación de acordes, y el resultado siempre sería el mismo: todo sonido se perdería, ante lo sublime de tu propia voz.

     Ni el mejor astrólogo podría encontrar una estrella más brillante que tu propia luz, esa que emanas al mundo, esa que convierte mi día a día en un mejor lugar. Aun cuando se valiese de los mejores telescopios y de la tecnología más compleja: es imposible, no existe una galaxia más  perfecta que las que creas tú al sonreír.

     Ni el mejor teólogo, sin importar su religión, podría no catalogarte como un milagro que camina, como la prueba misma de que a veces, solo a veces, los ángeles bajan a nuestro mundo para andar entre nosotros. Solo hace falta conocerte para comprender que estás más allá de nuestra imperfecta humanidad.

     Ni el mejor poeta podría componerte los versos y sonetos adecuados para congraciarse contigo. Aun cuando lo intentaran los inmortales Shakespeare y García Lorca, Neruda y Becquer, e incluso Benedetti; estoy seguro que sentirían como insuficiente todo lo que puedan decir de ti: y es que tú misma eres poesía pura.

     Ni el mejor pintor hallaría en su paleta los tonos adecuados, ni en su habilidad los trazos precisos tan necesarios para pintarte. ¿Cómo podrían, simples manos mortales, plasmar con exactitud y detalle la profundidad de tus ojos, la suavidad de tu piel o el fino contorno de tus labios? Simple: no podrían. 

     Ni el mejor escultor podría tallar las líneas de tu figura de forma adecuada. Aunque encontrase el marfil, el granito o algún otro elemento lo suficientemente puro para hacerte honor; hasta el más fino cincelado sería burdo, comparado con tus propias líneas. Incluso el grandioso Miguel Ángel, escondería avergonzado a su David,  si contemplase una sola vez tu silueta.

     Ni el mejor arquitecto podría diseñar un mundo más perfecto que el que día a día tú me vas mostrando. Un mundo tan pequeño como gigante, donde, a pesar de tan solo tener dos habitantes, entra todo el universo. Un mundo donde el tiempo transcurre a un ritmo distinto. Un mundo donde es la suma de las imperfecciones que lo componen, lo que lo vuelve perfecto.

     Ni el mejor explorador ha encontrado, ni podrá encontrar, un paisaje más perfecto que el de tu cuerpo. Y no exagero en lo más mínimo: montañas, selvas, cascadas, bosques, sabanas y playas hay muchas; cada una con su propio encanto. Pero ninguno te alcanza, sumado a otro hecho: TÚ, solamente existe una.

     Ni el mejor detective podría desentrañar el misterio de tu existencia en este mundo tan banal. Aun cuando pacientemente siguiera todas las pistas que deja tu andar, siempre se encontraría en un callejón sin salida, volviendo al inicio de todo. Es así: las cosas más hermosas, suelen no tener explicación.

     Ni el mejor ateo, aun aferrándose por completo a sus convicciones, podría negar la existencia de Dios al verte. Como sucede con todos los ángeles, puedo afirmar que fueron las mismísimas manos del creador las que te moldearon, formaron y, finalmente, dieron vida a tu sonrisa. Vida que transmites a diario, al mostrar esa misma sonrisa.

     Ni el mejor medico podría aislar los síntomas que me envuelven cada vez que estás cerca de mí, diagnosticándome y recetando un tratamiento en el proceso. Los latidos del corazón que se disparan, el nudo en la garganta, ese cosquilleo en el estómago, la sensación de que todo da vueltas excepto tú, la respiración que se me corta, el temblor de mis piernas que parecen incapaces de sostener mi peso. Cualquiera diría que padezco de una enfermedad ¿no? Pero entonces ¿por qué me siento tan vivo, tan pleno, tan feliz, tan... completo?

     Como ves, ni los mejores entre los mejores podrían hacer justicia a la perfecta imperfección de tu celestial existir. Y aunque yo no pretendo siquiera alcanzar a alguno de los citados maestros, si pretendo ser el mejor en algo: en hacerte feliz a diario, en sacarte esas sonrisas que llenan de luz cualquier momento, en inventar nuevas formas de abrazarte, en ser tu amigo y confidente, tu apoyo y cómplice, en tratar de evitar que la vida te logre derribar, y en ayudarte a levantarte con el doble de ánimo cuando logre hacerlo, en nunca rendirse. En fin, hoy me propongo ser el mejor en merecerte un poco más cada día.

domingo, 13 de noviembre de 2016

Mismo cuadro, diferentes ojos.

     Nubes. Olas. Arena. Rocas. He contemplado este cuadro cientos (puede que miles) de veces. Pero nunca como hoy. Siempre he imaginado que los tonos oscuros y fríos, con los que fue pintado, transmitían una especie de tristeza propia del artista. Podía perfectamente imaginar un pequeño barco encallado entre tan afilados riscos. Y una noche aun mas oscura, que estaba por venir.

     Pero hoy por primera vez me detengo en la franja anaranjada que se encuentra entre las nubes oscuras y la arena. Siempre asumí que si el cuadro tuviese movimiento, esta sería absorbida por el nubarrón opaco, sumiendo en penumbra la imagen. Pero ¿y sí no es así? Hoy veo una segunda opción: ¿y sí en realidad esa franja de color representara solo el comienzo?, puede que contrario a mi pensar esta fuese la que comenzase a crecer hasta alejar las nubes oscuras, y llenase la escena de tonos vivos y brillantes propios de un día soleado.

     La pregunta es por qué tardé tanto en tener este nuevo ángulo de visión. Y al mismo tiempo que surge este cuestionamiento, llega la respuesta: aun dormida te mueves en mi pecho y me abrazas mas fuerte. Es difícil no pensar en nuevos amaneceres cuando el olor de tu perfume me embriaga y el calor de tu cuerpo me recorre. Has ido causando ese efecto en mi vida: haces que mis días pasen del blando y negro, al color más vivo que conozco.

     Reconozco que aun en este punto no estoy muy seguro de haber despertado. Puede que tal vez seas tan solo un sueño de esos que solo se tienen una vez en la vida, y que si parpadeo me despertaré sólo en mi cama, como cada día. Sí ese fuera el caso, recordaré golpearme la cabeza con un ladrillo para volver a dormirme.

     Pero el tiempo pasa, y sigues ahí tan tangible como siempre. Hasta que finalmente abres los ojos y me miras. Cuando supero mi embelesamiento inicial al verte despertar, hago algo muy propio de mi: te pregunto si por casualidad eres un sueño o un producto de mi imaginación. Puede que quizás fuese caminando tranquilamente y un matero me haya caído en la cabeza, y en este momento me encuentro inconsciente en el mundo real. Digo, esas cosas pasan ¿no?

     Tu me escuchas divagar sobre las posibles consecuencias de estar dormido (y quejarme de que seguro tengo un gran chichón) y terminas haciendo algo muy propio de ti: te ríes, me dices que estoy loco y me besas. Y ahí quedan todas mis teorías acerca de que eres un sueño. Ningún producto onírico podría transmitirme tal electricidad con tan solo sus labios. Con un beso como con el que comenzó todo. Aunque sin la lluvia y los nervios que existieron la primera vez, pero con la misma intensidad.

     Y así comienza otro día juntos: con un beso y un cuadro cuyo significado hoy parece ser distinto. Otro día en el que te vas metiendo de a poquitos en mi vida, reajustandola de un "yo" a un "nosotros". Otro día en el que aplicar nuestro lema: ser felices sin importar nada ni nadie, ser felices siendo nosotros. Otro día para construir esta historia y ver a donde nos lleva. Y aunque pareciera que nos conocimos por simple casualidad, siempre he pensado que todo pasa por algo, que todo tiene una causa; y para no hablar de destino prefiero decirte que eres mi más bonita causalidad.

domingo, 30 de octubre de 2016

Despedida

     Nunca dejará de sorprenderme lo rápido que pasa el tiempo. Los segundos se convirtieron en minutos, horas, días, semanas, meses y, finalmente, en años. Tantos, que no soy capaz de decir en qué momento nos encontramos.

     ¿Eres capaz tú de recordarlo? Si es así, me gustaría que me refresques la memoria. Tal vez importe poco, o tal vez mucho. No lo sé, pero al menos me permitiría conocer el punto exacto en que mi vida dejó de ser la misma que conocí durante años. El día en que tú entraste en ella.

     Aunque no puedo precisar ese instante, sin lugar a dudas inició una reacción en cadena única en mi existir. A veces me pregunto si en algún punto llegaste a entender la forma en la que pusiste mi universo de cabeza. La forma en que moldeaste mi día a día, tan solo siendo tú. La forma en la que generaste que me enamorara de ti sin darme cuenta, hasta que no había vuelta atrás. A veces, me pregunto si yo mismo lo comprendo del todo.

     Pensar en ti me trae tantas imágenes a la mente, que llego a creer que de cerrar los ojos y extender mi mano podría tocar tus manos, tu pelo, tu rostro... Tu rostro. ¿Cuántas lagrimas sequé mientras rodaban por él? ¿Cuántas sonrisas vi crecer y formar esas pequeñas marcas junto a tu boca? ¿Cuántos besos deposité en tus mejillas? Pero la parte cruel de los recuerdos es que, por más reales que nos parezcan, tan solo son fantasmas del ayer que, de intentar tocarlos, simplemente se difuminan y nos regresan a la realidad.

     Alguien me preguntó una vez cual era mi mejor recuerdo contigo y, aunque lo intenté con todas mis fuerzas, no fui capaz de responderle nada. No porque nos falten, sino porque nos sobran. ¿Cómo podría tomar tan solo uno? Antes de que la mayoría siquiera imaginara que soy capaz de escribir un texto, tú ya afirmabas que algún día existiría un libro con mi nombre en el autor. Y mi respuesta nunca varió: que si eso pasaba, entonces tu nombre estaría en la dedicatoria. Pues bien, tan solo con la suma de nuestros momentos juntos, ese libro podría existir.

     Pero ¿podría narrar de forma adecuada cada segundo a tu lado? ¿podría recoger tan solo con palabras momentos que ni yo mismo sé explicar? ¿podría englobar todo el universo que gira alrededor de ti, en algunas páginas? Estoy casi seguro de que no. Definitivamente no soy tan buen escritor. Definitivamente no existe ninguno tan bueno. Así que me conformaré con tomar unas pocas gotas del mar de cosas que quiero decirte, y dejarlas caer en textos como este, hechos sobre ti y para ti.

     Gracias. Esa es la palabra que más me viene a la mente cuando pienso en lo que te diría de tenerte cara a cara de nuevo. Gracias por entrar en mi vida. Gracias por regalarme un número tal de risas, que las arrugas junto a mi boca son hoy en día un poco más profundas. Gracias por tenderme tu mano en ocasiones donde pensé que el mundo se derrumbaría a mi alrededor, o por sentarte a mi lado cuando me negué por completo a levantarme en ese momento. Gracias por aceptar este infinito abanico de defectos. Gracias. Sencillamente gracias.
     
     Nunca dejará de sorprenderme lo rápido que pasa el tiempo. Los segundos se convirtieron en minutos, horas, días, semanas, meses y, finalmente, en años. Tantos que no soy capaz de decir en qué momento nos perdimos. 

     ¿Era posible prever que teníamos fecha de caducidad? No lo sé. Pero ¿si no vi como crecían los sentimientos, podría ver en que momento la cuenta atrás daría 0? Y más allá, ¿me habría importado? ¿habría cambiado al menos un segundo a tu lado, para suavizar el inminente golpe? Creo que aun de haber sabido que veníamos con punto de cierre, habría hecho todo igual. Aunque... no, no todo. De haber sabido que en un punto serías solo un recuerdo, te habría abrazado mucho más; habría exprimido el doble cada instante contigo; habría fijado aun más cada línea de tu silueta; te habría dicho "te amo" mucho más seguido, y no hubiese asumido que lo sabías.

     Pero si de algo somos dueños en esta vida es de nuestras decisiones y, nos gusten o no los resultados, una vez tomadas no las podemos cambiar. La franja que hoy en día nos separa, fue impuesta por la vida, y poco habríamos logrado oponiéndonos a fuerzas que escapan de nuestras manos y entendimiento. Así que hoy en día solo nos queda sonreír al pensar en todo lo que solo nosotros dos conocemos por completo.

     Y aunque no tengo el valor de hablarte de frente, y aunque no sé si algún día leerás esto; solo quería decirte que lo logré: continué con mi vida. Hoy puedo pensar en ti sin sentir una punzada en el pecho; hoy puedo imaginar mi vida con alguien más a mi lado; hoy solo eres una parte de mi pasado, hermosa y que jamás podré olvidar. Como dije, podría escribir un libro con nuestra historia; y aunque no sabría por donde iniciar, sé que hoy le coloco el punto final.

domingo, 7 de agosto de 2016

Te busco

     Te busco en lo momentáneo del hoy. Entre cada uno de los miles de pasos que doy. Entre cada una de las palabras que escucho y las que digo. Entre cada calle que atravieso. Entre cada mirada que conecta con la mía. Entre cada desconocido que me cruzo. Entre cada respiración que llevo a cabo.

     Te busco en lo intangible del ayer. Entre cada promesa pronunciada. Entre cada susurro apenas oído. Entre cada rayo de sol que alguna vez tocó una piel. Entre cada reflejo de luna que fue faro, incluso en la noche más oscura. Entre cada éxito. Entre cada derrota.

     Te busco entre lo efímero del mañana. Entre cada sueño del porvenir. Entre cada imagen cambiante del futuro. Entre cada conversación que aún no he tenido. Entre cada lugar que aún no he visitado. Entre toda una vida que aún no llega a mí. 

   Te busco más allá de lo que conozco. Entre las lejanas estrellas que ni siquiera soy capaz de contar. Entre las profundas aguas del mar, de fondo tan enigmático. Entre mis vidas anteriores, pues sé que mi búsqueda no se limita a ésta. Entre lo más recóndito de mi ser: ese que ni yo mismo conozco bien.

     Te busco entre las cosas más fugaces que me rodean. En ese pequeño beso de una pareja feliz. En la suave brisa que me desordena el cabello. En la sonrisa inocente de un bebé. En el pequeño capullo que regalará una nueva mariposa al mundo. En el sonido de la lluvia.

     Te busco entre las cosas más magníficas. En la inmensidad de una montaña. En lo infinito del cielo. En la energía de un rayo. En la fuerza de un río. En la profundidad de cada bosque. En lo poderosa de una motivación. En  las líneas de cada libro. En la letra de toda canción.

     Te busco con el anhelo de por fin tenerte. Con el miedo de no merecerte. Con la añoranza de sentirte entre mis brazos. Con la incertidumbre del momento en que por fin contemple tus ojos. Con la convicción de no rendirme. Con la seguridad de encontrarte.

     Te busco tanto que me pierdo a mi mismo. O tal vez nunca me he tenido realmente al no tenerte a ti. Quizás mi razón de estar en este mundo caótico, y tantas veces sin sentido, es únicamente hallarte. Como el despeje final de toda ecuación, puede que así des sentido a mi existir.

     Y aunque por el momento mi búsqueda no me ha regalado frutos, sé que estás ahí, en medio de la gente y del mundo, en algún lugar en el que, más pronto que tarde,  coincidiremos, pero por ahora solo quiero pedirte que me esperes, y que sepas que sin importar nada yo te busco.

domingo, 24 de julio de 2016

Hasta luego

     Abrazos. Deseos. Palabras. Lágrimas. Maletas. Nudos en la garganta. Mosaiquillos de colores variados en el suelo. Boletos. Más lágrimas. El sonido de aviones. Listas de llegada y salida. Una fila de gente. Y, finalmente, esa puerta con detector de metales que cruzamos,  solo si así lo indica el papel en nuestras manos. ¿Les suena conocido? 

     A diario, éste es el panorama de incontables venezolanos que, entre la extraña mezcla de tristeza y anhelos,  melancolía y esperanza, deseos y añoranza; abandonan la tierra que los vio nacer, en busca de nuevos horizontes. Pero puedo asegurar, sin temor a equivocarme, que en la mayoría de los casos no se trata de una decisión tomada por gusto sino de cara a la necesidad; como último medio para saltar el abismo al que día a día es empujada nuestra nación.

     Aquel que con un ticket, que solo marca la ida, recorre el conocido camino de mosaiquillos multicolores y cruza la ya mencionada puerta, deja tras de sí mucho. Deja familia. Deja amigos. Deja amores. Deja los sueños con los que todos crecemos en nuestra tierra. Deja las ciudades que lo vieron crecer. Dejas las calles que recorrió para ir a estudiar, a trabajar o simplemente para pasear. Deja su vida, en busca de una nueva.

     ¿Pero qué otra opción tenemos ante la situación que nos arrastra a las más negras profundidades? ¿Qué más podemos hacer cuando todo ámbito de desarrollo humano posible ha sido pisoteado sin piedad por aquellos que debían preservarlo? ¿Qué otro camino nos queda aparte del auto-exilio, cuando sin importar cuanto amemos nuestro país, éste se ha convertido en un puerto pirata donde solo el más fuerte puede sobrevivir? Si alguno lo sabe, con gusto lo escucharé.

     Cada día nos hemos acostumbrado más a ver como aquellas personas que nos importan, y que ocupan lugares especiales en nuestra vida, emprenden viajes para buscar hacer de un nuevo punto del globo terráqueo su hogar. Nosotros mismos consideramos muchas veces la posibilidad de tomar lo que podamos y reiniciar de nuevo en cualquier lugar que nos ofrezca mejores oportunidades.

     Pero la costumbre y repetición cada vez mayor de este proceso no altera el cúmulo de sentimientos y sensaciones que nos llenan al despedir a un ser querido. La alegría de que abre las puertas de un mejor futuro, no sustituye la tristeza de saber que alguien que nos importa ya no estará tan cerca como siempre. Los deseos de éxito que proferimos, no quitan todos los recuerdos compartidos y que se manifiestan en forma de lágrima o nudos en el pecho. Incluso la tecnología de hoy, que nos permite estar en contacto instantáneo, jamás puede arropar a la energía que nos transmite un abrazo.

     Pero lamentablemente es así: vemos familias fragmentadas con sus miembros dispersos; amistades que durante años fueron irrompibles, separadas por fronteras y mares; parejas que se aferran a sus sentimientos, buscando la forma de volver a sentir el calor de su amado.

     Pero aún con este negro panorama, me niego a que perdamos la esperanza. Como dice la popular canción: "no hay mal que dure mil años, ni cuerpo que lo resista". En lo más profundo de mi ser, sé que en algún momento las cosas mejorarán. Los humanos tenemos una extraña capacidad de siempre encontrar la forma de reponernos hasta de las peores caídas. Por eso sé que más pronto que tarde volveremos a pisar los variopintos cuadros de cerámica, pero esta vez para abrazar a cada hermano, padre o amigo que regrese. Por eso, aun cuando a diario extraño a cada una de las personas que se han ido, me niego a decirles adiós, tan solo les deseo que sea un hasta luego.

domingo, 17 de julio de 2016

Mil y un rostros

     Esa es la promesa que quiero hacerte hoy: tener para ti mil y un rostros diferentes. Y no por capricho, sino para adaptarme a cada uno de tus días. El primero que quiero que conozcas es mi cara de total sinceridad, con la cual te aseguro que nunca mis promesas serán en vano, que cada palabra que te diga será totalmente sincera, que de mí siempre podrás esperar la verdad. 

     Sé que hay momentos en que la alegría abandona tu rostro y la melancolía ronda a tu alrededor. Y es ahí donde podrás contar con mi mejor cara de payaso y mi selecto repertorio de chistes malos para devolver la sonrisa a tu cara. Es lo mínimo que puedo hacer para agradecerte que esa misma sonrisa ha hecho de mi mundo, un lugar mejor.  

     Cuando tus metas se conviertan en logros, tendrás siempre mi cara de orgullo. Conozco mejor que nadie la forma en la que a diario buscas superarte y ser un poco mejor. Aunque no te lo he dicho, realmente te admiro. Si tuviese que definirte en ese aspecto sería: 90% de perseverancia y 10% de terquedad. Aun cuando parece que ya ha llegado el momento de rendirse, tú te niegas a hacerlo y terminas alcanzando lo que te propones. 

     A diario quiero que conozcas mi cara de pintor y de arquitecto. Prometo esforzarme en todo momento para construir un mundo diferente al que conoces. Un mundo donde los colores te rodeen de tal forma que no sepas donde comienza uno y termina el otro. Un mundo donde cada uno de tus sueños se materialice; y así como los planos son la base todo arquitecto, así quiero que tus ilusiones sean el inicio de ese mundo donde solo conozcas la felicidad. 

     Trataré de evitarla, pero puede que algunas veces conozcas mi cara de celoso. A diferencia de los piratas que enterraban su tesoro lejos de los ojos del mundo, yo no puedo evitar que tu perfección sea notada por otros ojos distintos a los míos. Existe una parte egoísta de mi ser que siente que no tenemos por que compartirte con nadie, que eres nuestro más hermoso diamante, y solo nuestro. Pero otra gran porción de mí le recuerda que si nos elegiste fue por algo y que, además, no debemos olvidar esa peculiar habilidad que tienes de siempre caerle bien a la gente. 
      
     Sé que a veces la vida nos colocará pruebas que debemos superar, y que tal vez parezcan imposibles de lograr. Pero en ese caso, más que colocarme un rostro, será una armadura la que vista. La armadura del más valeroso de los caballeros; que sin temor a nada se lance a la batalla con tu mirada como estandarte. Sin dudarlo lucharé las veces que sea necesario contra el dragón de las dificultades, y siempre que intente levantarse en medio de nosotros, me encontrará aún  más fuerte y listo para hacerle frente nuevamente. Al fin y al cabo, una princesa como tú, se merece al mejor de los caballeros. 

     Si escribiese sobre cada rostro que quiero que conozcas, puede que no terminase jamás. Así que por último quiero presentarte el más importante. El rostro con el que escribo estas palabras, el que tú has ido construyendo tan solo siendo tú. El rostro que me hace tan feliz: el de tu eterno enamorado.

domingo, 10 de julio de 2016

Hoy es diferente.

     Ayer te vi desde lejos nuevamente. Sigues tan hermosa como siempre. Juraría que tu cabello está un poco más corto. Y, si no me equivoco, has cambiado el color de tu labial por uno algo más intenso. Llevabas ese suéter rosado que te hace lucir tan tierna. Aún recuerdo la primera vez que te vi usarlo: fue necesaria toda mi fuerza de voluntad para no abrazarte y besarte. Tus deportivos siguen igual de sucios como siempre; creo que nunca dejará de sorprenderme que, siendo tan meticulosa para todo, des tan poca importancia al estado de tus zapatos. Es de esos pequeños detalles que, sin lugar a dudas, te hacen tan única.

     Juro que pensé en acercarme y saludarte. Podría haber preguntado sobre tu cabello y quizás hacerte algún cumplido que te sonrojara, o tal vez formular un comentario gracioso que te hiciera reír. Cualquiera de las dos opciones hubiese bastado para alegrar mi día. El rubor de tus mejillas es tan sublime que siempre he estado seguro de que si un artista se decidiese a pintarte, por muy hábil que fuese, no encontraría en su paleta los colores necesarios para hacer honor al suave carmín de tu rostro. Por otro lado, hay personas fanáticas del rock, otros tantos prefieren el merengue, y un buen número es seguidor del heavy metal; pero para mí es mucho más sencillo: no existe mejor melodía para mis oídos que tu risa.

     Pero como siempre me superó el miedo y simplemente seguí con mi camino; odiándome por dentro por ser tan cobarde que ni siquiera me atrevo a iniciar una conversación contigo. Nunca he logrado comprenderlo. Todos lo que me conocen saben que soy alguien muy extrovertido. Hay quien llega incluso a considerar molesta mi capacidad de nunca callarme. A menos que se trate de ti. El verte se siente como si me robasen todo el aire de los pulmones, secaran mi garganta y agregaran un par de kilos a mi lengua. Incluso puedo asegurar que mis neuronas se apagan: hasta pensar se torna absurdamente complicado. 

     Sin importar cuanto intente concentrarme y proseguir como si nada, es más que obvio la forma en la que me descoloca tu presencia. Sería más fácil mantener mi neutralidad si no fueses tan perfecta. Tu belleza sublime. Tu forma de vestir, casual pero que siempre combina. Tu forma de caminar tan despreocupada. Tu capacidad de siempre ser capaz de decir algo ingenioso. Tu brillo en los ojos cuando algo te gusta. Tú... simplemente tú. Sin lugar a dudas Dios estaba inspirado el día que te creó.

     Pero no más. Este día es diferente. Sin importar nada, hoy haré lo que no me he atrevido a hacer durante años: me acercaré a ti. Una de las ventajas de que compartamos universidad, y de que la misma sea bastante pequeña, es que he podido ir aprendiéndome tus horarios. Así que falto a mi última clase del día, y me siento en la pequeña plaza que hay frente a tu salón a esperar que termine tu curso de inglés. Tan solo son 30 minutos, pero los siento como si de años se tratase. No logro distraer la mente con nada: ni la pequeña ardilla que juega en la fuente, ni el cantar de un turpial solitario entre las ramas, ni siquiera la lucha que entablan dos escarabajos en la base de un árbol. Aunque lo intento siempre termino observando la manija de la puerta del salón que nos separa. Hasta que finalmente se abre: tu clase terminó.

     Eres la tercera en salir, pero te quedas junto a la puerta hablando con tus amigas. Rayos. No consideraba acercarme a ti estando ellas. ¿Tal vez podría intentarlo otro día? ¡No! Sé que pasarían meses antes de volver a reunir el valor necesario para siquiera pensar en hablarte. Así que, sin más excusas, comienzo a caminar hacia ti. Son exactamente 26  pasos los que debo dar. Lo sé porque en mi intento de no enloquecer (o huir) durante mi media hora de espera, los conté un par de veces.

    Faltan 20 pasos. Y las dudas comienzan a revolotear en mi cabeza. Tal vez te caigo mal, o puede que ni siquiera sepas de mi existencia. Puede que tan solo sea otro nombre con el que has compartido algunas clases, pero que ni has mirado. Aún así sigo caminando.

    15 pasos. Mis manos comienzan a sudar y estoy seguro de que mis piernas tiemblan un poco. Oh genial. Solo falta que tropiece y me caiga en frente de ti. Seguro que eso te haría reír... y a mí me obligaría a mudarme a Tijuana. Trato de retomar el control de mi cuerpo y sigo adelante.

    8 pasos. Levantas la mirada y tus ojos contactan con los míos. Y como si de una inyección de adrenalina se tratase, mi corazón comienza a latir con la furia del más brioso de los corceles. Mis pulmones expulsan todo el aire en un suspiro. Y mi cuerpo parece haberse olvidado de que la gravedad es constante, porque comienza a pesar 5 o 6 veces más de lo que recuerdo. Como si no fuese suficiente con todo eso, mi mente grita con todas sus fuerzas que esto fue una mala idea, y que aún podemos dar la vuelta. Pero mi subconsciente toma el control y me hace caminar ya por simple inercia.

    5 pasos.Y hasta ahora caigo en cuenta de que no sé qué te diré. 

    4 pasos. Intento desesperadamente que mi anatomía vuelva a estar bajo mis órdenes. 

    3 pasos. Tus ojos no han dejado de seguirme.

    2 pasos. Si no estoy sufriendo un ataque de pánico, es algo idéntico.

    1 paso. Me encuentro frente a ti. Ya sin lugar a dudas no hay vuelta atrás.

    Finalmente sucede. Nos encontramos frente a frente. Tu cara es una muestra total de curiosidad. Mi mente me ha traicionado y se niega a colaborar. Y no estoy muy seguro de que mi cuerpo no lo haya hecho también: luego de pasar años imaginando qué te diría cuando llegara este momento, mi gran discurso se resume en un "hola"... que se va acompañado de un gallo. Es el fin, game over. O eso pienso. 

    Con una pequeña sonrisa me devuelves el saludo, y preguntas cómo estoy. Al parecer no he sido tan invisible para ti como siempre pensé. Con cada palabra me siento más cómodo y poco a poco retomo la firmeza que me caracteriza al hablar. Los segundos se sustituyen por minutos en un abrir y cerrar de ojos, la conversación fluye de una forma tan natural que me sorprende. Finalmente tu celular suena: tus papás ya llegaron a buscarte. Y, contrario a todo pronóstico, antes de irte me das tu número de teléfono "para continuar la charla". Simplemente el mejor resultado que pudiese pedir.

    De este glorioso día, ya han pasado 2 años. Pero lo que sucedió en medio, es historia para otro día.