domingo, 7 de agosto de 2016

Te busco

     Te busco en lo momentáneo del hoy. Entre cada uno de los miles de pasos que doy. Entre cada una de las palabras que escucho y las que digo. Entre cada calle que atravieso. Entre cada mirada que conecta con la mía. Entre cada desconocido que me cruzo. Entre cada respiración que llevo a cabo.

     Te busco en lo intangible del ayer. Entre cada promesa pronunciada. Entre cada susurro apenas oído. Entre cada rayo de sol que alguna vez tocó una piel. Entre cada reflejo de luna que fue faro, incluso en la noche más oscura. Entre cada éxito. Entre cada derrota.

     Te busco entre lo efímero del mañana. Entre cada sueño del porvenir. Entre cada imagen cambiante del futuro. Entre cada conversación que aún no he tenido. Entre cada lugar que aún no he visitado. Entre toda una vida que aún no llega a mí. 

   Te busco más allá de lo que conozco. Entre las lejanas estrellas que ni siquiera soy capaz de contar. Entre las profundas aguas del mar, de fondo tan enigmático. Entre mis vidas anteriores, pues sé que mi búsqueda no se limita a ésta. Entre lo más recóndito de mi ser: ese que ni yo mismo conozco bien.

     Te busco entre las cosas más fugaces que me rodean. En ese pequeño beso de una pareja feliz. En la suave brisa que me desordena el cabello. En la sonrisa inocente de un bebé. En el pequeño capullo que regalará una nueva mariposa al mundo. En el sonido de la lluvia.

     Te busco entre las cosas más magníficas. En la inmensidad de una montaña. En lo infinito del cielo. En la energía de un rayo. En la fuerza de un río. En la profundidad de cada bosque. En lo poderosa de una motivación. En  las líneas de cada libro. En la letra de toda canción.

     Te busco con el anhelo de por fin tenerte. Con el miedo de no merecerte. Con la añoranza de sentirte entre mis brazos. Con la incertidumbre del momento en que por fin contemple tus ojos. Con la convicción de no rendirme. Con la seguridad de encontrarte.

     Te busco tanto que me pierdo a mi mismo. O tal vez nunca me he tenido realmente al no tenerte a ti. Quizás mi razón de estar en este mundo caótico, y tantas veces sin sentido, es únicamente hallarte. Como el despeje final de toda ecuación, puede que así des sentido a mi existir.

     Y aunque por el momento mi búsqueda no me ha regalado frutos, sé que estás ahí, en medio de la gente y del mundo, en algún lugar en el que, más pronto que tarde,  coincidiremos, pero por ahora solo quiero pedirte que me esperes, y que sepas que sin importar nada yo te busco.

domingo, 24 de julio de 2016

Hasta luego

     Abrazos. Deseos. Palabras. Lágrimas. Maletas. Nudos en la garganta. Mosaiquillos de colores variados en el suelo. Boletos. Más lágrimas. El sonido de aviones. Listas de llegada y salida. Una fila de gente. Y, finalmente, esa puerta con detector de metales que cruzamos,  solo si así lo indica el papel en nuestras manos. ¿Les suena conocido? 

     A diario, éste es el panorama de incontables venezolanos que, entre la extraña mezcla de tristeza y anhelos,  melancolía y esperanza, deseos y añoranza; abandonan la tierra que los vio nacer, en busca de nuevos horizontes. Pero puedo asegurar, sin temor a equivocarme, que en la mayoría de los casos no se trata de una decisión tomada por gusto sino de cara a la necesidad; como último medio para saltar el abismo al que día a día es empujada nuestra nación.

     Aquel que con un ticket, que solo marca la ida, recorre el conocido camino de mosaiquillos multicolores y cruza la ya mencionada puerta, deja tras de sí mucho. Deja familia. Deja amigos. Deja amores. Deja los sueños con los que todos crecemos en nuestra tierra. Deja las ciudades que lo vieron crecer. Dejas las calles que recorrió para ir a estudiar, a trabajar o simplemente para pasear. Deja su vida, en busca de una nueva.

     ¿Pero qué otra opción tenemos ante la situación que nos arrastra a las más negras profundidades? ¿Qué más podemos hacer cuando todo ámbito de desarrollo humano posible ha sido pisoteado sin piedad por aquellos que debían preservarlo? ¿Qué otro camino nos queda aparte del auto-exilio, cuando sin importar cuanto amemos nuestro país, éste se ha convertido en un puerto pirata donde solo el más fuerte puede sobrevivir? Si alguno lo sabe, con gusto lo escucharé.

     Cada día nos hemos acostumbrado más a ver como aquellas personas que nos importan, y que ocupan lugares especiales en nuestra vida, emprenden viajes para buscar hacer de un nuevo punto del globo terráqueo su hogar. Nosotros mismos consideramos muchas veces la posibilidad de tomar lo que podamos y reiniciar de nuevo en cualquier lugar que nos ofrezca mejores oportunidades.

     Pero la costumbre y repetición cada vez mayor de este proceso no altera el cúmulo de sentimientos y sensaciones que nos llenan al despedir a un ser querido. La alegría de que abre las puertas de un mejor futuro, no sustituye la tristeza de saber que alguien que nos importa ya no estará tan cerca como siempre. Los deseos de éxito que proferimos, no quitan todos los recuerdos compartidos y que se manifiestan en forma de lágrima o nudos en el pecho. Incluso la tecnología de hoy, que nos permite estar en contacto instantáneo, jamás puede arropar a la energía que nos transmite un abrazo.

     Pero lamentablemente es así: vemos familias fragmentadas con sus miembros dispersos; amistades que durante años fueron irrompibles, separadas por fronteras y mares; parejas que se aferran a sus sentimientos, buscando la forma de volver a sentir el calor de su amado.

     Pero aún con este negro panorama, me niego a que perdamos la esperanza. Como dice la popular canción: "no hay mal que dure mil años, ni cuerpo que lo resista". En lo más profundo de mi ser, sé que en algún momento las cosas mejorarán. Los humanos tenemos una extraña capacidad de siempre encontrar la forma de reponernos hasta de las peores caídas. Por eso sé que más pronto que tarde volveremos a pisar los variopintos cuadros de cerámica, pero esta vez para abrazar a cada hermano, padre o amigo que regrese. Por eso, aun cuando a diario extraño a cada una de las personas que se han ido, me niego a decirles adiós, tan solo les deseo que sea un hasta luego.

domingo, 17 de julio de 2016

Mil y un rostros

     Esa es la promesa que quiero hacerte hoy: tener para ti mil y un rostros diferentes. Y no por capricho, sino para adaptarme a cada uno de tus días. El primero que quiero que conozcas es mi cara de total sinceridad, con la cual te aseguro que nunca mis promesas serán en vano, que cada palabra que te diga será totalmente sincera, que de mí siempre podrás esperar la verdad. 

     Sé que hay momentos en que la alegría abandona tu rostro y la melancolía ronda a tu alrededor. Y es ahí donde podrás contar con mi mejor cara de payaso y mi selecto repertorio de chistes malos para devolver la sonrisa a tu cara. Es lo mínimo que puedo hacer para agradecerte que esa misma sonrisa ha hecho de mi mundo, un lugar mejor.  

     Cuando tus metas se conviertan en logros, tendrás siempre mi cara de orgullo. Conozco mejor que nadie la forma en la que a diario buscas superarte y ser un poco mejor. Aunque no te lo he dicho, realmente te admiro. Si tuviese que definirte en ese aspecto sería: 90% de perseverancia y 10% de terquedad. Aun cuando parece que ya ha llegado el momento de rendirse, tú te niegas a hacerlo y terminas alcanzando lo que te propones. 

     A diario quiero que conozcas mi cara de pintor y de arquitecto. Prometo esforzarme en todo momento para construir un mundo diferente al que conoces. Un mundo donde los colores te rodeen de tal forma que no sepas donde comienza uno y termina el otro. Un mundo donde cada uno de tus sueños se materialice; y así como los planos son la base todo arquitecto, así quiero que tus ilusiones sean el inicio de ese mundo donde solo conozcas la felicidad. 

     Trataré de evitarla, pero puede que algunas veces conozcas mi cara de celoso. A diferencia de los piratas que enterraban su tesoro lejos de los ojos del mundo, yo no puedo evitar que tu perfección sea notada por otros ojos distintos a los míos. Existe una parte egoísta de mi ser que siente que no tenemos por que compartirte con nadie, que eres nuestro más hermoso diamante, y solo nuestro. Pero otra gran porción de mí le recuerda que si nos elegiste fue por algo y que, además, no debemos olvidar esa peculiar habilidad que tienes de siempre caerle bien a la gente. 
      
     Sé que a veces la vida nos colocará pruebas que debemos superar, y que tal vez parezcan imposibles de lograr. Pero en ese caso, más que colocarme un rostro, será una armadura la que vista. La armadura del más valeroso de los caballeros; que sin temor a nada se lance a la batalla con tu mirada como estandarte. Sin dudarlo lucharé las veces que sea necesario contra el dragón de las dificultades, y siempre que intente levantarse en medio de nosotros, me encontrará aún  más fuerte y listo para hacerle frente nuevamente. Al fin y al cabo, una princesa como tú, se merece al mejor de los caballeros. 

     Si escribiese sobre cada rostro que quiero que conozcas, puede que no terminase jamás. Así que por último quiero presentarte el más importante. El rostro con el que escribo estas palabras, el que tú has ido construyendo tan solo siendo tú. El rostro que me hace tan feliz: el de tu eterno enamorado.

domingo, 10 de julio de 2016

Hoy es diferente.

     Ayer te vi desde lejos nuevamente. Sigues tan hermosa como siempre. Juraría que tu cabello está un poco más corto. Y, si no me equivoco, has cambiado el color de tu labial por uno algo más intenso. Llevabas ese suéter rosado que te hace lucir tan tierna. Aún recuerdo la primera vez que te vi usarlo: fue necesaria toda mi fuerza de voluntad para no abrazarte y besarte. Tus deportivos siguen igual de sucios como siempre; creo que nunca dejará de sorprenderme que, siendo tan meticulosa para todo, des tan poca importancia al estado de tus zapatos. Es de esos pequeños detalles que, sin lugar a dudas, te hacen tan única.

     Juro que pensé en acercarme y saludarte. Podría haber preguntado sobre tu cabello y quizás hacerte algún cumplido que te sonrojara, o tal vez formular un comentario gracioso que te hiciera reír. Cualquiera de las dos opciones hubiese bastado para alegrar mi día. El rubor de tus mejillas es tan sublime que siempre he estado seguro de que si un artista se decidiese a pintarte, por muy hábil que fuese, no encontraría en su paleta los colores necesarios para hacer honor al suave carmín de tu rostro. Por otro lado, hay personas fanáticas del rock, otros tantos prefieren el merengue, y un buen número es seguidor del heavy metal; pero para mí es mucho más sencillo: no existe mejor melodía para mis oídos que tu risa.

     Pero como siempre me superó el miedo y simplemente seguí con mi camino; odiándome por dentro por ser tan cobarde que ni siquiera me atrevo a iniciar una conversación contigo. Nunca he logrado comprenderlo. Todos lo que me conocen saben que soy alguien muy extrovertido. Hay quien llega incluso a considerar molesta mi capacidad de nunca callarme. A menos que se trate de ti. El verte se siente como si me robasen todo el aire de los pulmones, secaran mi garganta y agregaran un par de kilos a mi lengua. Incluso puedo asegurar que mis neuronas se apagan: hasta pensar se torna absurdamente complicado. 

     Sin importar cuanto intente concentrarme y proseguir como si nada, es más que obvio la forma en la que me descoloca tu presencia. Sería más fácil mantener mi neutralidad si no fueses tan perfecta. Tu belleza sublime. Tu forma de vestir, casual pero que siempre combina. Tu forma de caminar tan despreocupada. Tu capacidad de siempre ser capaz de decir algo ingenioso. Tu brillo en los ojos cuando algo te gusta. Tú... simplemente tú. Sin lugar a dudas Dios estaba inspirado el día que te creó.

     Pero no más. Este día es diferente. Sin importar nada, hoy haré lo que no me he atrevido a hacer durante años: me acercaré a ti. Una de las ventajas de que compartamos universidad, y de que la misma sea bastante pequeña, es que he podido ir aprendiéndome tus horarios. Así que falto a mi última clase del día, y me siento en la pequeña plaza que hay frente a tu salón a esperar que termine tu curso de inglés. Tan solo son 30 minutos, pero los siento como si de años se tratase. No logro distraer la mente con nada: ni la pequeña ardilla que juega en la fuente, ni el cantar de un turpial solitario entre las ramas, ni siquiera la lucha que entablan dos escarabajos en la base de un árbol. Aunque lo intento siempre termino observando la manija de la puerta del salón que nos separa. Hasta que finalmente se abre: tu clase terminó.

     Eres la tercera en salir, pero te quedas junto a la puerta hablando con tus amigas. Rayos. No consideraba acercarme a ti estando ellas. ¿Tal vez podría intentarlo otro día? ¡No! Sé que pasarían meses antes de volver a reunir el valor necesario para siquiera pensar en hablarte. Así que, sin más excusas, comienzo a caminar hacia ti. Son exactamente 26  pasos los que debo dar. Lo sé porque en mi intento de no enloquecer (o huir) durante mi media hora de espera, los conté un par de veces.

    Faltan 20 pasos. Y las dudas comienzan a revolotear en mi cabeza. Tal vez te caigo mal, o puede que ni siquiera sepas de mi existencia. Puede que tan solo sea otro nombre con el que has compartido algunas clases, pero que ni has mirado. Aún así sigo caminando.

    15 pasos. Mis manos comienzan a sudar y estoy seguro de que mis piernas tiemblan un poco. Oh genial. Solo falta que tropiece y me caiga en frente de ti. Seguro que eso te haría reír... y a mí me obligaría a mudarme a Tijuana. Trato de retomar el control de mi cuerpo y sigo adelante.

    8 pasos. Levantas la mirada y tus ojos contactan con los míos. Y como si de una inyección de adrenalina se tratase, mi corazón comienza a latir con la furia del más brioso de los corceles. Mis pulmones expulsan todo el aire en un suspiro. Y mi cuerpo parece haberse olvidado de que la gravedad es constante, porque comienza a pesar 5 o 6 veces más de lo que recuerdo. Como si no fuese suficiente con todo eso, mi mente grita con todas sus fuerzas que esto fue una mala idea, y que aún podemos dar la vuelta. Pero mi subconsciente toma el control y me hace caminar ya por simple inercia.

    5 pasos.Y hasta ahora caigo en cuenta de que no sé qué te diré. 

    4 pasos. Intento desesperadamente que mi anatomía vuelva a estar bajo mis órdenes. 

    3 pasos. Tus ojos no han dejado de seguirme.

    2 pasos. Si no estoy sufriendo un ataque de pánico, es algo idéntico.

    1 paso. Me encuentro frente a ti. Ya sin lugar a dudas no hay vuelta atrás.

    Finalmente sucede. Nos encontramos frente a frente. Tu cara es una muestra total de curiosidad. Mi mente me ha traicionado y se niega a colaborar. Y no estoy muy seguro de que mi cuerpo no lo haya hecho también: luego de pasar años imaginando qué te diría cuando llegara este momento, mi gran discurso se resume en un "hola"... que se va acompañado de un gallo. Es el fin, game over. O eso pienso. 

    Con una pequeña sonrisa me devuelves el saludo, y preguntas cómo estoy. Al parecer no he sido tan invisible para ti como siempre pensé. Con cada palabra me siento más cómodo y poco a poco retomo la firmeza que me caracteriza al hablar. Los segundos se sustituyen por minutos en un abrir y cerrar de ojos, la conversación fluye de una forma tan natural que me sorprende. Finalmente tu celular suena: tus papás ya llegaron a buscarte. Y, contrario a todo pronóstico, antes de irte me das tu número de teléfono "para continuar la charla". Simplemente el mejor resultado que pudiese pedir.

    De este glorioso día, ya han pasado 2 años. Pero lo que sucedió en medio, es historia para otro día.

domingo, 3 de julio de 2016

El mundo al revés

     Hoy me desperté un poco desorientado, pues tuve un sueño que me llamó mucho la atención. Por eso lo primero que hice fue encender mi laptop y concentrarme en relatarles mi experiencia onírica. Soñé con un mundo tan similar, pero a la vez tan distinto al nuestro, que solo se me ocurrió llamarlo "El Mundo al Revés". Describirles esta Tierra alterna es una tarea bien complicada, pero trataré de hacerlo lo mejor posible.

     En el mundo al revés, lo primero que captó mi atención es que no existen los países. Los humanos no se agruparon por su color de piel, o por el continente del que procedían, ni siquiera por la tribu a la que pertenecieron en principio. No. Eligieron un sistema mucho más sencillo: fundaron una nación por su color de sangre; y ya que, sin importar de que rincón del mundo vengas, tu sangre siempre será roja, todos terminaron siendo ciudadanos de la misma nación, que adoptó el nombre del planeta: todos eran hijos de la Tierra.

     En el mundo al revés, no existe la política, ni los líderes, ni los reyes. A diferencia de nuestra propia historia, en la cual siempre ha habido poderosos hombres que se han levantado por encima de los demás, en ese mundo todos las personas son semejantes y se encuentran en el idéntico nivel de poder, teniendo la misma oportunidad de expresar su opinión y de decidir sobre el rumbo del planeta que les pertenece a todos por derecho.

     En el mundo al revés, no existen las guerras. Tal vez motivado en que todos se identifican como hermanos de sangre roja, o tal vez en que parece ser que nuestras contra-partes han tomado mejores decisiones que nosotros; en esta realidad alternativa la humanidad no se ha pasado más de 6000 años luchando batallas sangrientas, para resolver conflictos absurdos o personalistas. Pero los hijos de la Tierra también tienen diferencias de opinión que deben ser resueltas, por eso cuando la tensión alcanza picos insostenibles, las personas en disputa fijan el evento que lo resolverá: un partido de fútbol, un duelo de bandas musicales, o un concurso de pinturas. Y como todos disfrutan de estos espectáculos, al final los contendientes han olvidado incluso por qué discutían.

     En el mundo al revés, no existe la pobreza ni el hambre. Su Tierra (tan rica como la nuestra), es lo suficientemente amplia y fértil como para dar de comer a cada uno de sus hijos; o como para ceder un fragmento de la misma, donde se pueda erigir un hogar. Al ser parte todos de la nación terrestre, cada persona da el 100% de sí mismo para que esta prospere y mejore cada día. Las personas de este mundo han comprendido que la vida humana vale más que cualquier seda o piedra preciosa; y por eso las amplias riquezas de las que dispone su planeta han sido invertidas en llevar el progreso a su sociedad en cada centímetro del orbe terrestre por igual.

     En el mundo al revés, "Amor" es la palabra más seria que puede alguien pronunciar. Creo que tiene que ver con que, por algún motivo, su significado ha calado más profundo sin importar el contexto en el que se utilice. Las familias realmente se aman: ninguna madre lucha sola por salir adelante con sus hijos, ni ningún niño espera sin frutos que sus padres lo abracen antes de dormir. Las personas realmente se aman: nunca un hijo de la tierra ha acabado con la vida de otro. Como ya dije, realmente comprenden el valor de la vida humana y el respeto que se debe tener por algo tan grandioso. Las parejas realmente se aman: las relaciones no son simples encuentros fugaces o un par de palabras susurradas a la luz de la Luna; sino que representan una verdadera unión de dos vidas y un esfuerzo total por hacer crecer ese amor.

     Podría seguir hablándoles de este peculiar viaje, pero prefiero cerrar con una pregunta: Luego de leer sobre ese mundo ¿Quiénes estamos al revés?

domingo, 26 de junio de 2016

Carta a una desconocida

     A veces me pregunto si lees mis escritos. Y si lo haces ¿sabes cuáles han sido inspirados en ti? Supongo que sería mucho más fácil simplemente decírtelo, o colocar tu nombre. Pero prefiero que sea así, el anonimato le confiere cierta privacidad a mis palabras, te mantiene en una parte de mi vida que, aunque se puede leer, no se puede comprender del todo para quien no la vivió. Al fin y al cabo, siempre quedará la interrogante: ¿Qué tanto de mis palabras lleva tu nombre entre líneas? ¿qué porción es tomada de experiencias ajenas? y ¿qué fragmentos son simplemente reflejo de mi imaginación y mi capacidad de inventar?

     Cuando se trata de ti, mi cerebro adopta la estructura del mayor de los huracanes: tu imagen en el centro del torbellino, y un millar de ideas/recuerdos/pensamientos/preguntas girando a tu al rededor de una forma tan vertiginosa que me deja mareado aun cuando estoy sentado. El sentido común dicta que debería alejarme de esa peligrosa espiral, pero ¿qué se yo de sentido común? Con la fuerza con la que un niño se ve maravillado y atraído por las explosiones de fuegos artificiales a su al rededor; así me veo yo cautivado hacia la imagen central en esa tormenta: tú.

     Tú, en tu imperfecta perfección. Nos pasamos la vida buscado esa palabra a nuestro paso: perfección. Pero yo la hallé en ti cuando pude comprender que realmente nuestro concepto de una realidad sin fallas, sin errores, sin máculas, es tan utópico como falso. La verdadera perfección tocó las puertas de mi vida cuando pude sumar todos tus detalles; y amar cada uno de ellos: esa capacidad de siempre llegar tarde, tu mal humor ocasional o tu negación a hablarme simplemente porque no te gustó el final de un libro. Cada una de esas cosas (y de todas aquellas que no incluyo en la lista) te diferenciaban del resto del mundo, te hacían única, generaban esa persona que me pareció tan natural amar.

     Tú, con tus brazos que siempre se sintieron como mi hogar. Al estar entre ellos me sentía tan invencible como el más poderoso de los titanes. No existió tristeza que no se viese espantada de mi vida al verse envuelta por el calor que emite tu cuerpo. El que dijo que el tiempo obedece a las leyes de la física, nunca te abrazó. Aunque el reloj insista en que pasaron horas, puedo jurar que tan solo fueron unos segundos. Supongo que necesitaría una vida para estar conforme con uno de tus abrazos: al mejor estilo de una sustancia adictiva, siempre me dejaron deseando más.

     Tú, construyendo ese mundo en el que siempre fui tan feliz. Como si del mejor pintor se tratase, tomaste ese lienzo en blanco que era mi vida y la fuiste llenando de color, de líneas, de figuras; hasta obtener una obra maestra. Cada sonrisa, cada momento, cada beso e incluso cada discusión fue añadiendo capas, hasta que nos encontramos en nuestro propio paraíso en 3D. Desde ahí sentía que podíamos lograr lo que quisiéramos, que el mundo estaba al alcance de nuestras manos, que al estar juntos no había ninguna fuerza capaz de detenernos.

     Tú, lejos de mí. Ya que ni siquiera nuestro pequeño Edén fue capaz de detener el avance de un enemigo tan silencioso que solo lo vimos cuando lo tuvimos en frente: la vida y sus vueltas. Me gusta pensar que llegó a envidiar tanto nuestra felicidad juntos, que se opuso en venganza. O tal vez simplemente nuestro caminar en paralelo venía con fecha de expiración. No lo sé, pero es un hecho que hoy te encuentras fuera de mi alcance por factores que no podemos cambiar... al menos por ahora. Tal vez simplemente soy alguien muy optimista, tonto o testarudo; pero creo que la vida solo nos ganó una batalla, mas no la guerra: y que tal vez, en algún momento, podamos tener nuestro derecho a réplica y reconstruir ese mundo que dejamos atrás. O puede que tal vez seamos un capítulo feliz pero concluido en la historia de nuestras vidas. Tan solo el tiempo lo dirá.

     En fin, son solo palabras que podrían o no, ser escritas para alguien. Por eso prefiero terminar mi escrito diciendo que esto es tan solo la carta a una desconocida.

domingo, 19 de junio de 2016

Angelito Cruel

     Lo bueno de la soledad es que te permite poner las cosas en perspectiva. Cuando te encuentras solo contigo mismo, sin el ruido del mundo bloqueándote los pensamientos,  puedes apreciar aspectos de la vida que antes parecían no estar ahí. Supongo que por eso debo darte gracias, hoy creo ser alguien un poco más fuerte, o que al menos se conoce algo mejor a si mismo, y todo te lo debo a ti.

     Pero vayamos al principio de todo. Siempre he dicho que toda experiencia de vida es un aprendizaje que nos hace crecer como personas; sin importar que sea agradable o no, no existirá ocasión en la que no nos deje una huella, por pequeña que sea. También he manifestado a lo largo de mi existencia que si algo te hizo feliz en un momento, vale la pena recordarlo, a pesar del desenlace que haya tenido. Pero al tratarse de ti ¿cómo te defino? ¿me aferro a los buenos momentos o englobo todo en una gran mentira?

     La gente suele decir que una cara bonita puede ser suficiente para que cualquier hombre pierda de vista el norte de su caminar, o para que se estrelle con más fuerza que nunca. Siempre pensé que era solo un dicho tonto y sin sentido. Aunque tal vez tiene cierto grado de razón. Quizás fue la inocencia de tu rostro, lo dulce de tus palabras, lo cálido de tus brazos y lo embriagante de tus labios, lo que construyó esa burbuja en la que me envolví, aislándome del mundo; pero que se rompió con tal facilidad.
   
     Hoy, al mirar hacia atrás, no soy capaz de comprender si cada sonrisa a tu lado, si cada abrazo, si cada beso, fueron solo parte de esa gran actuación que representabas y en la cual fingías muy bien quererme; o si al menos uno fue sincero: si realmente logré hacerte sonreír con alguna de mis tonterías, si uno de mis abrazos logró transmitirte calor, o si al menos uno de mis besos fue para ti más que el simple roce de otros labios. Y la verdad es que no lo sé.

     Podría aferrarme a la idea de que al menos por un tiempo signifiqué algo para ti, o podría entregarme a la amargura de saber que no fui más que tu juguete mientras el cronómetro se acercaba a cero. Es difícil tomar partido cuando mi cerebro y mi corazón siguen discutiendo. Es cierto que al final me clavaste un puñal que sencillamente rompió algo muy dentro de mí; pero también es cierto que al estar conmigo tus ojos se iluminaban de una forma que sencillamente me amarraba a ti un poco más con cada mirada ¿Se puede fingir eso? ¿puede alguien lograr generar una máscara tan eficaz? ¿Sí? ¿No?... simplemente no lo sé. Tal vez solo era yo que reflejaba mis sentimientos en ti. Como sea, esa interrogante queda en el aire.

     Reconozco que a veces siento el impulso irrefrenable de buscarte, de mirarte a esos ojos, que tanto disfrutaba contemplar, y pedirte una explicación. Tal vez sería más fácil seguir adelante si pudiese comprender la verdad, si pudiese despejar de dudas mi mente... aún cuando el resultado no fuese de mi agrado. Pero no lo haré, a veces debemos cerrar un ciclo de forma forzosa y sencillamente seguir adelante.

     Lo único que puedo afirmar de todo esto es que, sin lugar a dudas, lograste marcar mi vida de una forma totalmente distinta a cualquier otra. Con muchas personas me había cruzado en mi transitar por el mundo: algunas buenas, y otras malas, para bien, o para mal, sencillas o complejas. Pero al intentar definirte a ti no soy capaz de decir si me topé con un demonio hermoso, o simplemente con un angelito cruel.